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miércoles, 25 de febrero de 2015

Felix Varela, precursor de una nación



25 DE FEBRERO  162 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE FELIX VARELA
  
En  La Habana colonial  del primer cuarto  del siglo XIX el redoble de las bandas militares  anunciaban las ejecuciones a la entrada de la Bahía y se escuchaba como  macabra resonancia  en las clases del sacerdote  Félix Varela en el cercano  Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde predicaba las mismas  ideas liberales por las que  morían muchos de esos reos.
  
 Aquel joven profesor de filosofía nació en  La Habana el 20 de noviembre de 1788,  y  al morir su madre pasó la mayor parte de su niñez con los abuelos maternos en la Florida, para entonces dominio de España.
  
 A pesar de que su abuelo ostentaba el grado de  Coronel al frente de esa plaza, rechazó seguir la tradición familiar, pues su padre también  era capitán del ejército, al argumentar que su designio no era “matar hombres, sino salvar almas”.
  
 Fue ordenado sacerdote en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio a los 23 años de edad. Como estudiante se había distinguido también en la Pontificia Universidad de la Habana donde completó su formación  y  además  hablaba el latín y el inglés a la perfección, por lo cual figuraba como uno de los intelectuales más descollantes de la Isla.
  
 Su talento no pasó inadvertido para  el entonces  obispo  de La Habana, José Díaz de Espada y Fernández de Landa, quien  consideró  a Félix Varela un aventajado discípulo y aliado en la obra que se había propuesto   de transformación del   pensamiento, la política,  la educación  y la  iglesia, entre otros aspectos en la Isla.

  Es el propio Obispo Espada,  el cual tuvo una  formación  influenciada por  los enciclopedistas franceses moderado, quien incitó a Varela a ser el profesor más joven del Seminario a los 24 años  para impartir filosofía en 1811  y  constitución en 1821, algo insólito  para las tradiciones del plantel que planeaba renovar el prelado demoliendo  siglos de enseñanza escolástica  y medieval. 
   
Varela  sobrepasaría con creces las esperanzas de su mentor  cuando  en 1812,  durante  la invasión napoleónica a España, en La Habana  respaldó desde su cargo  la Constitución liberal  de Cádiz, que limitaba la monarquía inclusive para las colonias en América y que Varela  se encargaría de explicar e interpretar .  

 La aplicación a  la realidad cubana de  los derechos del hombre, los principios democráticos de la revolución francesa,  la crítica a la monarquía, la abolición de la esclavitud, nuevas formas de producción   y  métodos de experimentación para la enseñanza de las ciencias exactas  son algunos de los resultados más descollantes de su magisterio .

 Las clases de Varela, sus ideas fueron seguidas en años posteriores  por  los  jóvenes intelectuales  José de la Luz y Caballero,  José Antonio Saco, Domingo del Monte y  Rafael María de Mendive, el maestro de José Martí, quienes  signarían el pensamiento político cubano para  conformar el concepto de Patria  y de independencia nacional, décadas después .

 También fundó la primera Sociedad Filarmónica de La Habana, fue Socio de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País, escribió obras de teatro,  textos de Filosofía, participó y animó tertulias culturales  y sus disertaciones aparecieron en la prensa de la época.

José de la Luz y Caballero dijo de su preceptor  que  "mientras se piense en la Isla de Cuba, se pensará en quien nos enseñó primero en pensar.” Pero todo este proceso de cambios promovidos principalmente  entre los círculos ilustrados  de la colonia no transitó de manera fácil y conllevó a  graves consecuencias  a sus principales promotores.
   
Cuando Fernando VII, Rey de España, se vio seguro nuevamente en su trono absolutista y el peligro de terminar como un aguanta mampara de Napoleón Bonaparte había pasado,  derogó la Constitución y persiguió el movimiento liberal y de reformas.
   
El  Obispo de Espada se libró de ir   preso a una mazmorra en Madrid, según una orden en 1825 solo  revocada  por su delicado estado de salud  y anulada de manera definitiva en 1830, dos años antes de su muerte. Aunque  en 1828, el Vaticano lo acusó  de   hereje y masón.
   
Félix Varela  mientras estaba en España, fue condenado a muerte  por ser  representante de la Isla a las Cortes, de acuerdo con  la  nueva Constitución   que buscaba  establecer  la  autonomía e iguales derechos de ciudadanos españoles para los habitantes de las colonias y otros cambios.

 Tuvo que huir en 1822 a los Estados Unidos y en  Nueva York, Filadelfia  y la Florida transcurrieron sus últimos años dedicado  a sus deberes como sacerdote en varias iglesias, benefactor de los pobres y a una activa labor de propaganda independentista que recogió en órganos de prensa  y libros..

 Tempranamente condenó el anexionismo y dijo “yo soy el primero que estoy contra la unión de la Isla a ningún gobierno, y desearía ver la Isla en políticas como lo es en la naturaleza [...]
  Tanto fue el efecto de sus prédicas que  el entonces capitán General  de Cuba, Dionisio Vives, tuvo que distraerse de su ocupación predilecta en el control del negocio ilícito, las peleas de gallo  y la prostitución en los tugurios habaneros para organizar  un plan de atentado contra Varela en EEUU.
  
 Para ese fin  Vives envió a su sicario  El Tuerto Morejón  y le prometió 30 mil pesos para que asesinara a Varela en Nueva York, de donde regresó  el esbirro  atemorizado por su vida ante el resguardo que tenía Varela de sus feligreses irlandeses en la ciudad neoyorquina,  quienes advertidos desde la Isla lo dejaron con vida quizás por respeto al noble cura.

 Félix Varela falleció con los pulmones afectados  por el frío de Nueva York  al atardecer del 25 de febrero de 1853, en San Agustín, Florida, con la sotana raída sumido en la más absoluta miseria.  Por Jorge Wejebe Cobo



martes, 24 de febrero de 2015

Raúl Castro otorga a los Cinco el Título de Héroe de la República de Cuba





Por: Ladyrene Pérez

Con la entrega de los títulos de Héroes de la República de Cuba a Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, René González y Fernando González, se celebró en la capital el 120 del reinicio de la Guerra de Independencia, en ceremonia a la que asistió el Presidente cubano, General de Ejército Raúl Castro Ruz.
                                

En la tarde de este martes, el Palacio de Convenciones de La Habana acoge el solemne acto 
para reconocer a los antiterroristas cubanos, quienes fueron injustamente condenados en Estados Unidos por monitorear las acciones que amenazaban la seguridad de su país.

                                           
El acto abrió con un documental que recordó los más de 15 años de lucha del pueblo cubano y de la solidaridad internacional por el regreso de los Cinco, con la emoción de las palabras del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, cuando aseguró: ¡Volverán!
                                                     
El Secretario del Consejo de Estado, Homero Acosta, leyó la decisión de otorgarles como condecoración anexa al Título de Héroe de la República de Cuba, la Orden Playa Girón.
Acto seguido, Raúl entregó el Título de Héroe de la República de Cuba y la Orden Playa Girón a -en ese orden- Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez,  Fernando González Llort y René Gonzalez Sehwerert.
                                          
Por su fidelidad a las ideas de José Martí, Apóstol de nuestra independencia, les había sido conferida a los Cinco esa condecoración en su ausencia, el 29 de diciembre de 2001, en una sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
                           
Habla Gerardo en nombre de sus hermanos de lucha

Honrar a las cubanas y cubanas que hace 120 años se levantaron en armas por la independencia, “es la mejor manera de recibir el título honorífico de la República de Cuba”, dijo Gerardo Hernández al hablar en nombre de sus compañeros.
“Nuestro mérito no es otro que cumplir con nuestro deber”, aseguró.

El primer pensamiento de los Cinco fue para “un hombre que nos enseñó que la palabra rendición no existe para un revolucionarios”, y añadió: “Comandante en Jefe, esta condecoración que hoy con orgullo recibimos es también suya”.
                                
“Nuestra misión no ha terminado, pueden sumarse”, dijo Gerardo a aquellos compatriotas que han comentado su disposición de hacer el sacrificio de los Cinco. La actualización del modelo socialista cubano exige actuar con compromiso, inteligencia, y dijo: “Hay y habrá muchas maneras de defender a Cuba, y Cuba necesitará muchas maneras leales de defenderla”.

Dedicó el título al pueblo cubano que hizo suya la causa de Los Cinco, y también a las personalidades y gobiernos de otros países que los apoyaron. ”Agradecemos a los hermanos del mundo que lucharon estos 16 años y les decimos que la condecoración es también de ustedes”, expresó.

Cuente la patria con estos cinco soldados que ratificamos el compromiso de servirle hasta el último día, subrayó Hernández también en nombre de Antonio Guerrero, Ramón Labañino, Fernando González y René González.

René y Fernando expiraron íntegramente sus sentencias, mientras que Hernández, Labañino y Guerrero fueron liberados el 17 de diciembre pasado como parte del anunciado proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.

Los novios del 24 de febrero de 1895





Jorge Wejebe Cobo

Amanecía el domingo 24 de febrero de 1895 en la ciudad de Matanzas y Amparo Orbe salió sola a la calle ante la mirada maliciosa de los carretilleros, quienes iniciaban su jornada pregonando productos frente a la puerta de los probables compradores.

Tenía 17 años, era menuda, de piel trigueña y llevaba su cabello negro largo y libre y este contrastaba con el corpiño azul ajustado que llevaba. Sus grandes ojos color café reflejaban la alegría que solo se atisba en una mujer cuando va al encuentro de su amor.

Cerca de la estación de trenes de la urbe la esperaba su novio, Antonio López Coloma, de 35 años, un colono interesado en ampliar sus propiedades y casarse con Amparo, pero en realidad esas apariencias ocultaban al colaborador cercano de Juan Gualberto Gómez, agente secreto de José Martí encargado de dirigir y coordinar los alzamientos para iniciar la Guerra Necesaria.

Ella compartía, además del amor, las ideas independentistas de López Coloma y su compromiso con la causa iban más allá de los estrechos márgenes que tenía la mujer de su época, por lo cual decidió correr la misma suerte que su pareja al alzarse ambos en armas en el pueblo matancero de Ibarra, para ser una de las pocas féminas, o quizás la única, combatiente directa en ese histórico día.

domingo, 22 de febrero de 2015

Los motivos de Ana Belén Montes




"Honorable, yo me involucré en la actividad que me ha traído ante usted porque obedecí mi conciencia más que obedecer la ley. Yo considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, me consideré moralmente obligada de ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político.

Nosotros hemos hecho gala de intolerancia y desprecio hacia Cuba durante cuatro décadas. Nosotros nunca hemos respetado el derecho de Cuba a definir su propio destino, sus propios ideales de igualdad y justicia. Yo no entiendo cómo nosotros continuamos tratando de dictar como Cuba debe seleccionar sus líderes, quienes no deben ser sus dirigentes y que leyes son las más adecuadas para dicha nación. 

¿Por qué no los dejamos decidir la forma en que desean conducir sus asuntos internos, como Estados Unidos ha estado haciendo durante más de dos siglos?

Mi mayor deseo sería ver que surja una relación amistosa entre Estados Unidos y Cuba. Espero que mi caso, en alguna manera, estimule a nuestro gobierno para que abandone su hostilidad en relación con Cuba y trabaje conjuntamente con La Habana, imbuido de un espíritu de tolerancia, respeto mutuo y entendimiento."

Este fue el alegato de Ana Belén Montes de 57 años  ex analista superior (senior analyst) sobre temas cubanos en la Agencia de Inteligencia de la Defensa de los Estados Unidos (Defense Intelligence Agency, DIA), ante el tribunal que la juzgó  en el 2002 bajo la acusación de espionaje a favor de Cuba.

Sus palabras comprometidas y sinceras tienen una estrecha relación con los motivos esgrimidos 14 años después por el presidente Barack Obama para cambiar la política de hostigamiento contra la Isla.

En 2002, Montes se declaró culpable de los cargos que se habían levantado contra ella, los cuales le podrían haber valido la pena de muerte, pero finalmente fue sentenciada a 25 años de prisión en octubre de ese año, luego de haber llegado a un acuerdo con la fiscalía, según la prensa de la época.

Según su abogado defensor, Plato Cacheris, Montes cometió actos de espionaje debido a razones morales, como que “ella sentía que los cubanos eran tratados injustamente por el EE.UU.”

Durante el proceso no se presentaron  pruebas de que Ana Belén recibiera pago alguno por sus servicios a Cuba, como muchos de los espías detenidos en ambos bandos durante la Guerra Fría y después.

En la actualidad cumple su condena en la prisión del Federal Medical Center (FMC) Carswell (EN) en Fort Worth donde convive con asesinas peligrosas.
JWC. 

miércoles, 28 de enero de 2015

El mensajero





Este trabajo fue replicado en el blog La Isla Desconocida del intelectual Enrique Ubieta y creo oportuno volverlo a reproducir en el actual contexto del mejoramiento de las relaciones Cuba-USA. 
El artículo del periodista colombiano Nelson Fredy Padilla revela  un  antecedente importante de la disposición de Fidel de iniciar un diálogo respetuoso con  la dirección estadounidense hace 16 años  que fue frustrado por la extrema derecha de Miami y otras adversas circunstancias de la época. JWC
 
Nelson Fredy Padilla

El Espectador (Colombia)

En 1999, siendo dueño y cronista de la revista Cambio, Gabriel García Márquez admitió entre líneas haber sido el emisario de un texto ultrasecreto que su amigo Fidel Castro le envió al entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton. Sin embargo, nunca trascendieron los detalles de la misión en la que el Nobel colombiano protagonizó episodios dignos de una novela de espionaje y que acaban de ser revelados en el libro Os últimos soldados da Guerra Fria, escrito por el periodista brasileño Fernando Morais.

El Espectador tuvo acceso a varios de los documentos del caso, publicados en portugués, junto con la historia de 14 informantes cubanos infiltrados ilegalmente en Miami y hoy condenados en EE.UU. En 1998 Fidel Castro completaba 14 años de intentos infructuosos para tomar contacto directo con la Presidencia de los Estados Unidos con el fin de ponerla al tanto de 127 atentados terroristas atribuidos al grupo extremista cubano-americano liderado por Luis Posada Carriles. Quiso ser el primero en advertir a Washington que en las escuelas de aviación de la Florida había un peligroso potencial que estaba siendo dirigido hacia Cuba, a través de vuelos intimidatorios contra el turismo y para interferir comunicaciones oficiales, el cual también podía ser usado por terroristas internacionales contra Norteamérica. Otra de las alertas incluyó, según el libro de Morais, hacer llegar al director de la CIA, William Casey, a mediados de 1984, un detallado informe sobre “un complot, abortado a tiempo, para asesinar al presidente de EE.UU”.

La posibilidad de una línea directa con la Oficina Oval pasó a depender de la amistad de García Márquez y Bill Clinton. La misión fue marcada con “la impronta de las ocasiones íntimas”, el calificativo de Fidel Castro en sus memorias al cruce de caminos de los dos desde que a los 21 años de edad coincidieron, sin saberlo, en El Bogotazo, el 9 de abril de 1948 en la capital colombiana. Se conocieron cuando Castro estaba en el poder. El torbellino de las violencias de sus países, sus inquietudes políticas de izquierda y la literatura forjaron una amistad de hierro que ha hecho historia por más de medio siglo.

Los buenos oficios de Gabo

Corría abril de 1998 cuando el Nobel de Literatura llegó a La Habana, esa vez para escribir un reportaje sobre la visita del papa Juan Pablo II a la isla, realizada tres meses antes. Fidel le comentó sobre lo difícil que era hacer contacto con Clinton y el colombiano le reveló que por casualidad estaba esperando una audiencia con él para hablar de Colombia, el narcotráfico y la guerrilla. Se trataba de uno de sus sondeos secretos en busca del clima propicio para un proceso de paz con las Farc, lo que efectivamente se hizo realidad durante el gobierno de Andrés Pastrana, con la ayuda entretelones de Gabo, quien de blanco hasta el sombrero estuvo en la instalación de las negociaciones con ese grupo guerrillero en San Vicente del Caguán.

Esa obsesión con la paz le costó el exilio en la época del gobierno de Julio César Turbay, hasta que logró su cometido en los diálogos que permitieron a comienzos de los 90 la desmovilización del M-19. Fue invitado al acto de desarme y a la firma del acuerdo final. Él se negó con un argumento demoledor: “Lo que me gusta es conspirar por la paz”. El mismo perfil mantuvo durante el gobierno Pastrana, no sólo en el caso de las Farc, sino para facilitar los contactos con el Eln en Cuba, con anuencia de Cuba.

Raúl Castro en III Cumbre de CELAC




El pasado 17 de diciembre, regresaron a su Patria los luchadores antiterroristas cubanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, que junto a Fernando González y René González son para nosotros motivo de orgullo y ejemplo de firmeza.

El Presidente de Estados Unidos reconoció el fracaso de la política contra Cuba aplicada por más de cincuenta años y el completo aislamiento que ha provocado a su país; el daño que el bloqueo ocasiona a nuestro pueblo y ordenó la revisión de la obviamente injustificable inclusión de la isla en la Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo Internacional.

También ese día, anunció la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con nuestro Gobierno.

Estos cambios son el resultado de casi siglo y medio de heroica lucha y fidelidad a los principios del pueblo cubano. Fueron también posibles gracias a la nueva época que vive nuestra región, y al sólido y valiente reclamo de los gobiernos y pueblos de la CELAC.

Han sido una reivindicación para Nuestra América que actuó en estrecha unidad por este objetivo en la Organización de las Naciones Unidas y en todos los ámbitos.

 Como he afirmado reiteradamente, Cuba y Estados Unidos debemos aprender el arte de la convivencia civilizada, basada en el respeto a las diferencias entre ambos gobiernos y en la cooperación en temas de interés común, que contribuya a la solución de los desafíos que enfrentan el hemisferio y el mundo.
  
Pero no se debe pretender que, para ello, Cuba tenga que renunciar a sus ideales de independencia y justicia social, ni claudicar en uno solo de nuestros principios, ni ceder un milímetro en la defensa de la soberanía nacional.

No nos dejaremos provocar, pero tampoco aceptaremos ninguna pretensión de aconsejar ni presionar en materia de nuestros asuntos internos. Nos hemos ganado este derecho soberano con grandes sacrificios y al precio de los mayores riesgos.

¿Acaso podrían restablecerse las relaciones diplomáticas sin reanudar los servicios financieros a la Sección de Intereses de Cuba y su Oficina Consular en Washington, cortados como consecuencia del bloqueo financiero? ¿Cómo explicar el restablecimiento de relaciones diplomáticas sin que se retire a Cuba de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo Internacional? ¿Cuál será, en lo adelante, la conducta de los diplomáticos estadounidenses en La Habana respecto a la observancia de las normas que establecen las Convenciones Internacionales para las Relaciones Diplomáticas y Consulares? Es lo que nuestra delegación ha dicho al Departamento de Estado en las conversaciones bilaterales de la semana pasada y se requerirán más reuniones para tratar estos temas.

Hemos compartido con el Presidente de Estados Unidos la disposición de avanzar hacia la normalización de las relaciones bilaterales, una vez que sean restablecidas las relaciones diplomáticas, lo que implica adoptar medidas mutuas para mejorar el clima entre ambos países, resolver otros problemas pendientes y avanzar en la cooperación.

La situación actual abre, modestamente, una oportunidad al hemisferio de encontrar nuevas y superiores formas de cooperación que convienen a las dos Américas. Ello permitiría resolver acuciantes problemas y abrir nuevos caminos.
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